¿Existe mi otra mitad?

Es común escuchar cosas como: “desde el momento que lo conocí supe que eramos el uno para el otro”. El broche es la famosa canción de la mexicana, Fey: “tú mi complemento, mi media naranja. Yo te quiero sin cruzar palabra, si esto no es un sueño, eres mi otra mitad”.
Ilustración: Eduardo Rodríguez.

Platón en el siglo 4 a.E.C. (antes de la Era Común) filosofó sobre el amor y escribió el libro llamado “El Banquete”, en donde se plantean 6 discursos sobre el amor que están narrados por 6 diferentes oradores. El que pasó a la posteridad fue el discurso de Aristófanes, conocido mundialmente como el mito del “Andrógino” o “Media naranja”. 

Cabe aclarar que se supone que Platón odiaba a Aristófanes y que le hizo decir ese discurso de la media naranja para dejarlo en ridículo. La jugada le salió mal porque es el único discurso que se volvió popular y que hoy en día está vigente y que algunos consideran como una verdad.

El mito explica la idea del amor romántico y cuenta que en un inicio los seres humanos éramos esferas con el doble de tamaño y que teníamos todo duplicado: 4 brazos, 4 piernas, 1 cabeza y 1 tronco, pero 4 ojos, 4 orejas, 2 bocas. En general éramos dobles en toda nuestra fisionomía actual y los órganos genitales no eran la excepción, también teníamos dos. 

Acá, explícitamente, Platón comenta que teníamos 3 sexos que eran:

  • Macho – Macho
  • Macho – Hembra (en griego se dice andrógino y es de acá de donde toma su nombre el mito)
  • Hembra – Hembra

Estas esferas tenían la particularidad de ser muy soberbias y, para domesticarlas, Zeus decidió tomar a cada ser humano y partirlo a la mitad. Esas mitades quedaron tambaleantes, debilitadas y tratando de volver a juntarse con su otra mitad. Al no poderse unir, los humanos se comenzaron a morir y por eso Zeus inventó el amor.

Gracias al amor, esas mitades sentían que podían encontrar a su otra mitad que les hacía falta e intentar unirse. A pesar de que no funcionaba del todo se producía sensación o percepción de “unión y complemento”, siendo el amor una especie de placebo.

Es interesante el planteamiento de pensar que nosotros no somos originalmente esto que vemos, sino que somos una mitad que estamos todo el tiempo buscando para volver a ser una unidad.

¿Esperarían hasta encontrar su verdadera mitad o saldrían a probar con cada mitad que vean hasta encontrar la verdadera? Se supone que cuando se encuentra la otra mitad correcta (si es que se encuentra) hasta ese entonces se siente la plenitud.

Este mito tiene muchos problemas porque supone la fusión de dos singularidades como forma del amor, también supone que ese encuentro genera una plenitud definitiva, dado que el amor lleva a un momento final donde la búsqueda se termina. Sobre todo, supone una idea de amor en términos de exclusividad, porque habría una sola mitad idónea que espera en algún lado. 

Por más hermoso que sea es solo un mito con más de 2 mil años de antigüedad y se ha utilizado para instalar los pilares de un amor heteronormativo, monogámico y que hace del otro, una cosa o medio para que uno se realice.

Te informamos rapidito
y sin spam

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas
Leé más

El presidente que conocí

Era mi tercer empleo. A los 20 años, con un par de semestres de la universidad encima, me aceptaron como monitor de medios en una institución del Estado. Un mundo nuevo se me presentaba. Pasaba de hacer periodismo a incursionar en el campo de lo público, algo totalmente desconocido para mí.
Leé más

La ciudad que nos consume

El sol no ha atravesado el horizonte aún y las calles de la ciudad de Guatemala empiezan a llenarse: gente con ropa de trabajo, adolescentes en uniforme y niños y niñas abrigadas saliendo de sus casas para empezar un nuevo día. Parece que la vida en esta ciudad se puede vivir solamente si estamos corriendo, y es que se sale temprano para evitar las colas, los buses llenos y el tráfico.
Leé más

Bernie, el tacuazín

Hace unos años se coló un tacuazín en el patio de la casa. Mi husky estaba joven, lo vio y fue a su asecho, no con instinto cazador sino por mera curiosidad. El animalito se quedó quieto, se tiró al suelo y ya no se movió.