La ciudad que nos consume

El sol no ha atravesado el horizonte aún y las calles de la ciudad de Guatemala empiezan a llenarse: gente con ropa de trabajo, adolescentes en uniforme y niños y niñas abrigadas saliendo de sus casas para empezar un nuevo día. Parece que la vida en esta ciudad se puede vivir solamente si estamos corriendo, y es que se sale temprano para evitar las colas, los buses llenos y el tráfico.

De mirar a un lado a ver al frente

A raíz del aumento del precio de la gasolina, conversábamos con familiares sobre la situación tan dura que empezaríamos a vivir, porque todos y todas sabemos que al aumentar el combustible, aumentará todo lo demás.

Hacer política es una actitud de vida

Habitar Guatemala es una constante resistencia. Es ser conscientes de que vivimos en un país que no termina de ser, donde se han cimentado las bases de un Estado al servicio de una cúpula que gobierna a la sombra de la impunidad. Un país donde no hace falta dinero, aparece por millones en maletas o se pierde en vacunas sin utilizar. Un país que sigue obligando al exilio a quienes defienden la verdad y la justicia, que criminaliza a defensores de la vida, el territorio, a las juventudes, a las mujeres, a las disidencias.
Dos personas caminan en la Ciudad de Guatemala.

La ciudad contra quienes caminan

En la Ciudad de Guatemala no hay parques. O hay muy pocos. Además, la municipalidad capitalina, aduciendo necesidades de seguridad, los mantiene cercados con malla o pared. No son abiertos ni libres, y los niños y niñas difícilmente van a jugar despreocupadas.
En una ciudad que está hecha para la soledad y el sálvese quién pueda, coincidir es un pequeño acto de rebeldía.

La ciudad que atraviesa mi mirada

En el bus del colegio que recorría un largo trecho de la ciudad antes de llegar a mi destino, buscaba sentarme cerca de la ventana para ver cómo se desplegaba frente a mí, una ciudad que cambiaba de paisajes rápidamente.