La Bethania y “el superman” del Cantón 49

Una semana después de resistir a la intimidación policial, La Bethania celebró el aniversario del barrio. Pia Flores conversó con las y los vecinos sobre las enseñanzas que dejaron los días de protesta.
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El sereno y la llovizna se mezclan entre más de cinco cuadras de cumbia y reggaeton. Dicen por ahí, que el día del aniversario casi siempre llueve. Eso no impide la fiesta este 19 de octubre de 2023. Al contrario, el mal clima se detiene horas antes que los pies y las caderas, y pareciera que todas las vecinas y vecinos salieron a celebrar los 71 años de La Bethania.

Y este año, la colonia tiene algo más que celebrar. 

“Fue algo hermoso, una experiencia que nunca nos imaginamos”, dice Estuardo y mira hacía el Anillo Periférico desde la calle principal de la colonia.

La sonrisa sobre sus labios cerrados es discreta, pero inconfundible. Es una muestra humilde del orgullo profundo que siente al recordar los siete días durante los que él, junto con decenas de vecinos y vecinas de La Bethania, se unieron a las protestas. Fueron jornadas históricas en Guatemala y demostraron que la colonia es mucho más que una “zona roja”.

“La Península Bethania y todas las colonias aledañas, nos apoyamos entre todos. Fue tremendo”, afirma.

Las y los vecinos se unieron en apoyo a las convocatorias hechas desde el 2 de octubre, por parte de las autoridades indígenas y ancestrales, en defensa de la democracia y en demanda de la renuncia de la fiscal general, Consuelo Porras, el jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI), Rafael Curruchiche y el juez, Fredy Orellana. 

La resistencia fue protagonizada por los pueblos originarios, pero conforme pasaron los días la población urbana comenzó a unirse. Y no solo al plantón frente al Ministerio Público (MP). 

En diferentes zonas, colonias y barrios de la capital, las y los vecinos se organizaron e instalaron plantones en puntos estratégicos para cerrar el paso hasta que se cumplieran las demandas. Una réplica de la estrategia que las comunidades indígenas han utilizado durante décadas para que sus demandas no sean ignoradas.

Uno de estos puntos fue la entrada a La Bethania, zona 7 de la Ciudad de Guatemala. Se trataba de un punto clave porque bloqueaba el acceso al Anillo Periférico, que concentra gran parte del tráfico en la ciudad.

Golpe de Estado, golpes de realidad 

Estuardo se enteró del paro y las protestas por las noticias, y cuando un par de vecinos sugirieron que ya era momento que la colonia apoyara. El no lo pensó dos veces. Como dice, tal vez no sepa mucho de leyes y política, pero conoce en cuerpo propio la política de “sálvese quien pueda” que prevalece en su país. 

“Dicen que no son corruptos, ¿y qué? El pueblo bien jodido y los otros llenándose las bolsas. Giammattei tirando sus casacas que nada que ver y la señora (Consuelo Porras) blindada”, señala.

Creció en La Bethania, una de tantas colonias de la Ciudad de Guatemala fundada a partir de las tragedias de las y los desprotegidos para luego volver al abandono del Estado. Recluidos en un vacío que empuja a buscar ecosistemas paralelos de oportunidad y sobrevivencia, muchos desde lo informal, algunos desde lo ilícito.

“Uno mira la magnitud de lo que está pasando. El país está de cabeza”, afirma Estuardo.

Aparte de personal médico, ambulancias, repartidores de comida y medicamentos, y transportes de alimentos perecederos, las y los vecinos abrían el paso para las personas que necesitaban movilizarse por alguna emergencia. Pasaron mujeres en proceso de parto, personas con enfermedades, familias de luto. 

“Llegaba gente con su catéter. Enfermos renales. Una señora nos impresionó, se puso a llorar porque a su mamá le iban a cortar la pierna, de plano era diabética. Eso fue impresionante para nosotros. Nos comportábamos como duros, pero al ver eso te rompías”, dice. 

Por un momento se queda en silencio. Sacude la cabeza bajo la gorra negra y continúa:

“Estamos jodidos. Esta señora, con todo lo que ella gana, esa gente tendría derecho a la salud. Ella o Giammattei, aunque sea un día, habrían pasado con nosotros allí para que vieran la realidad del país”, apunta

El estigma y el Estado contra La Bethania

El 10 de octubre fue el día en que La Bethania se hizo viral. Primero llegó un despliegue grande de agentes y antimotines de la Policía Nacional Civil. Luego, se acercaron tres camiones del Ejército llenos de agentes de la Policía Militar entraron a la zona 7.

El plantón llevaba tres días cerrando el paso en protesta pacífica. Estuardo asegura que el ambiente era amigable, sin confrontaciones y que incluso recibían apoyo de los traileros y conductores. Al principio participaban unos 50 vecinos y vecinas, y se sumaron cada vez más.

“Alguien se inventó que cobrábamos, pero no es cierto. Lo único que cobramos fue un baile. ´Si bailás, pasás. Si no, toca esperar´. Hicimos bailar a media Bethania”, dice con una sonrisa y ambas manos guardadas en los bolsillos de su chumpa negra.

La llegada de la PNC y el Ejército generó tensión. En cuestión de momentos miles de personas llenaron la calle, la pasarela, el paso a desnivel, para respaldar a la protesta. No solo de La Bethania, sino también de colonias aledañas como la 4 de Febrero, La Verbena, El Incienso y Niño Dormido.

Había varios plantones en la Ciudad de Guatemala, ¿por qué un operativo así en La Bethania y no en otro punto?

El subdirector general de operaciones de la PNC, David Boteo, calcula que la PNC sumaba alrededor de 125 agentes en total, mientras que las y los vecinos eran más de 3000.

Explica que el operativo de fuerzas especiales se desplegó específicamente en La Bethania para resolver un incidente con un trailer con productos perecederos que no podía pasar. Según las autoridades habían “pandilleros a pié” infiltrados en la protesta, algunos con “envases de vidrio con líquido inflamable (gasolina), bates, cadenas, palos que estuvieron provocando e insultando a la PNC, quizá con el objetivo de caer en confrontación”.

Según declara, todo el personal de la PNC iba sin arma de fuego.

El perfil que maneja la institución sobre La Bethania es de “alta incidencia criminal” por una banda criminal de narcomenudeo que opera no solo en la zona 7, sino también las zonas 3, 10 y 12. El subdirector señala que hay presencia de la Mara Salvatrucha, pero que sus integrantes operan fuera de la colonia.

Pero la PNC sí anticipaba una posible confrontación. Ese día, el Ministerio de Gobernación solicitó apoyo del Ejército para “la rehabilitación del tránsito vehicular” en La Bethania, informa el vocero, Rubén Tellez. Afirma que el Ejército sólo asiste a la PNC cuando “sus capacidades han sido rebasadas” o “se prevea una situación que sea de mayor envergadura”.

Boteo comparte, que el día del operativo varias personas expresaron a las autoridades de la PNC que según ellas la represión en contra del plantón en La Bethania es parte de la criminalización contra personas de “áreas marginales”, especialmente si tienen tatuajes. 

Aunque el oficial descarta este argumento, en La Bethania esa impresión persiste. Las y los vecinos entrevistados en el aniversario, consideran que el operativo, y la magnitud, parte del prejuicio sobre la colonia. 

“La gente juzga o tacha a la colonia como “zona roja” pero realmente no sabe cómo es el ambiente acá”, dice una joven sonriente de 19 años antes de seguir a una de las pistas de baile.

Zona roja. Surge una y otra vez en las conversaciones con las y los vecinos. Rechazan los prejuicios que vienen con esa etiqueta negativa. La joven explica que afecta especialmente las oportunidades de trabajo y cómo la gente la trata. “Nos juzgan”, lamenta. 

Otro vecino dice que no se puede negar que existen casos de delincuencia, como en cualquier colonia, pero que el problema de las etiquetas es que generalizan.

“Antes había mucha pobreza acá y por la misma situación pues surgió mucha delincuencia. Por eso nos tildaron de zona roja, a todos. Pero no somos todos. La mayoría de la gente que vivimos acá somos buenas personas”, dice el hombre de 58 años que asiste al aniversario con su familia y amistades. 

Las y los vecinos consideran que por ser “zona roja” las autoridades esperaban una reacción violenta y por eso enviaron antimotines para un supuesto diálogo. Otros, como Estuardo, piensan que buscaban una confrontación para justificar desalojos violentos de todos los plantones.

“Siempre fue una protesta pacífica pero intentaron provocarnos para que nosotros empezáramos a generar violencia. Lo que querían era incitar para sí, a la próxima, venir con todo, pero nunca nos dejamos”, dice.

En el plantón, varias personas cargaban palos, Estuardo también. Aclara que los llevaron por si les tocaba defenderse, no para agredir. Le molestaba que algunas personas andaban con la cara tapada y que no hacían caso cuando les pedía que se la destaparan. 

“Nunca quisimos hacerles daño a ellos, ni que ellos nos hicieran daño a nosotros, tenemos familia. Hay hijos de por medio, imaginate que te vayas preso por una cosa así, donde ellos te estaban provocando. Pero lo aguantamos”, reitera.

Fue una tarde intensa. Pero no hubo violencia. Estuardo y el subdirector Boteo coinciden en resaltar este punto como algo positivo.

“Como que pensaban que íbamos a reaccionar con violencia y no. A la colonia y sus alrededores nos tienen como zona roja, como que aquí solo hay ladrones y secuestradores, demostramos que no y que solo somos parte del pueblo. Eso quedó grabado”, dice. 

El 49 Cantón

El plantón duró cuatro días hasta que decidieron liberar el paso. No porque quisieron, dice Estuardo, sino por presión de la colonia.

El 10 de octubre, la toma de la presa El Tesoro en Chimaltenango por parte de un grupo de personas cortó el suministro de agua a la planta Lo de Coy que abastece a varias zonas de la capital.. Entre ellas la zona 7.

La falta de acceso al agua desmoralizó a las y los vecinos. Pese a que lo consideraban un acto de represión por las protestas, comenzaron a ponerse en contra del plantón.

“Nosotros no dimos el brazo a torcer porque quisiéramos, sino porque ya llegaron a tocar a La Bethania, y no podíamos dejar que nuestra gente sufriera por nosotros. Incluso ya nos echaban la culpa de que subió la canasta básica, pero no fue culpa de nosotros. Pusimos nuestro granito de arena”, afirma.

Para él la protesta valió la pena, aunque hasta la fecha todavía no hayan renuncias. La resistencia pacífica ejercida en La Bethania dejó algo más allá. 

En los días siguientes de aquel martes viral, el plantón recibió una lluvia de apoyo para el plantón pero también muchos intercambios no esperados. Por un momento, La Bethania se convirtió en un punto de encuentro y de convergencia para grupos muy distintos, algo inusual en un tejido social tan quebrado.

“Socioeconomicamente, era gente como de nuestro estatus y gente de dinero, carros de lujo que venían a dejarnos agua y comida. Una candidata a alcalde, diputados, los Reyes Feos. Aparecía La Llorona a medianoche aquí con nosotros y nosotros va de reírnos porque fue como una celebración”, recuerda Estuardo.

Lo que más le conmovió a este vecino fue recibir el reconocimiento de los 48 Cantones de Totonicapán. De no saber quiénes eran, ahora celebra que a su colonia le digan el 49 Cantón. 

“Fue sensacional, un orgullo para La Bethania. Dijeron que esto fue el punto más fuerte y que tuvimos mucho valor. Fue una sensación hermosa, porque te sentías así como superman”, se ríe. Y continúa:

“Como el Superman del pueblo”. 

No ha visto los videos en redes sociales. Sabe que aparece en algunos porque su hija se lo comentó emocionada. No tiene celular, mucho menos redes sociales. Así se salvó de las campañas de difamación que sufrieron algunas de las personas de la colonia que participaron en el plantón. Algunas recibieron amenazas, a otras las señalaron de delincuentes mientras circulaban sus fotos.

A cada rato las y los vecinos que pasan le saludan. Uno se detiene camino al aniversario para darle la mano y le ofrece una cerveza. Estuardo la acepta y guarda la lata en su bolsillo mientras mastica sus palabras por un momento. La sensación de orgullo no lo distrae de la situación del país aún no cambia. 

“Uno sigue su vida, mira ahora, La Bethania está de aniversario, estamos felices, pero el país sigue jodido. Si fueramos más, que todas las manifestaciones fueran así como fue la de la colonia, esta señora ya hubiera salido”, resalta. 

Antes de despedirse reitera su invitación a la fiscal general del Ministerio Público, Consuelo Porras, de llegar a pasar un día en la realidad de las y los guatemaltecos.


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