Una ciudad que despierta antes que el sol

Comerciantes, estudiantes, transportistas, trabajadores; cualquier persona que vive en la Ciudad de Guatemala sabe que habitamos un territorio que despierta antes que el sol. El modelo de desarrollo que aquí impera y la infraestructura urbana que nos rodea, no permite que desafiemos el amanecer.

Si despertamos después del sol, las probabilidades de llegar tarde a la oficina, la escuela, el instituto o la universidad, son altas. Si nos levantamos después del amanecer, la espera en los embotellamientos – sin importar si nos movemos en motocicleta, taxi, bus o vehículo privado – se alarga. Si despertamos después de los primeros rayos de luz, el tiempo no alcanza. Pareciera que nuestra supervivencia se encuentra atada a la oscuridad, o simplemente no hemos encontrado la fórmula correcta. Y es que, aunque despertemos antes que el sol, esta ciudad, nuestra ciudad, colapsa en cualquier día.

La Ciudad de Guatemala es un territorio que necesita transformarse si deseamos que sea un lugar digno para la vida, el trabajo, la salud y el ocio, un lugar que nos permita construir comunidad. Por más de 38 años, el gobierno municipal ha estado en manos del mismo grupo de personas sin que mucho cambie ni mejore en sus condiciones de vida. Tampoco hemos logrado -en colectivo – construir y exigir el territorio que soñamos y nos merecemos.

Desde su fundación, el Instituto 25A ha soñado con habitar una ciudad en la cual todas las personas reconozcan la importancia de la política en su vida cotidiana y contribuyan a la transformación de su vecindario, comunidad, colonia, zona y ciudad. Habitar un lugar en el que el acceso al agua sea una constante y no un privilegio; el transporte público un medio eficiente de movilización y no el obstáculo para la misma. Las calles, espacios públicos para recorrer sin miedo y no laberintos que conducen a colonias y vecindarios acordonados y protegidos por guardias privados. En otras palabras, soñamos con una Ciudad de Guatemala armoniosa, incluyente y justa, un territorio con espacios públicos seguros, condiciones de vida digna garantizadas, organización vecinal y comunitaria fortalecida.

Hace algunas semanas escuché de una persona cercana al Instituto 25A la idea de reconciliarnos con la ciudad. Ante una ciudad cargada de desigualdades, inseguridad, ineficiencia en la movilización y escasez de servicios públicos, qué fuerza tiene esta idea de pensarnos una reconciliación con la ciudad. Reconciliarnos con la ciudad nos habla de ternura y sensibilidad. Es creer firmemente que esta ciudad y sus habitantes tenemos mucho que ofrecer al país y a la vida en comunidad. Es también reconocer el trabajo en colectivo junto a otros y otras en la defensa de la vida digna.

Este año y ante un nuevo concejo municipal, la quimera por una ciudad que haga vida las necesidades de la población, se encuentra latente. Con información, conocimiento y organización aumenta la posibilidad de pensarnos formas diversas de acercarnos al poder, entender mejor cómo funciona nuestro gobierno local y así, exigir nuestro derecho a la ciudad.

Derecho a vivir, ocupar, transformar y disputar este territorio, derecho a disfrutar de espacios urbanos justos, dignos, inclusivos, seguros y sostenibles. Derecho a despertar de la mano del sol.

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