Periodista de la USAC. Escribo sobre la política guatemalteca, el gasto público y problemáticas sociales. Me gusta investigar, aprender y explicar temas (casi tanto como la cultura pop). Creo en el conocimiento como la base de los grandes cambios.
La migración de Laura y su hermano inició hace 13 años. Querían ir a Estados Unidos para enviar dinero a su familia, como muchas personas en Guatemala. Pero no lo lograron. Como ella, al menos 817 migrantes guatemaltecos desaparecieron entre 2010 y marzo de 2023. La misma Cancillería del país reconoce que hay más, que ese número -que surge de los reportes de desaparecidos ante su oficina- es un subregistro. El problema de los datos también ocurre en México: allí, la única certeza es que no saben cuántos migrantes desaparecidos tienen. Según la Organización Internacional de las Migraciones la ruta hacia Estados Unidos es la tercera ruta más peligrosa del mundo. Sólo en una morgue de un condado de Estados Unidos hay más de 300 personas sin identificar, sus huesos y pertenencias están en cajas de cartón dentro de un trailer anodino en un estacionamiento.
¿Te imaginas cruzar aguas heladas para migrar a otro país? Así es como decenas de migrantes son transportados de manera irregular hacia las costas de California. Esta práctica aumentó desde que la administración de Trump reforzó los controles en la frontera terrestre con México.
Dos enormes palos de mango hacen sombra en el patio lodoso de la casa de Jasmin Tomás. Esta es, quizá, la mejor temporada porque los frutos recién alcanzaron su punto de madurez y caen por sí solos aunque algunos se funden en el lodo antes de ser devorados por Jasmin y su familia.
A nivel institucional en México existen múltiples fallas en la búsqueda de migrantes desaparecidos. Hay un caos en el registro de los datos, nadie sabe qué se está contando y qué se está dejando de contar. Los datos que lleva la Comisión Nacional de Búsqueda, por ejemplo, no coinciden con los que reportan las fiscalías locales. En medio de una crisis forense sin precedentes, México no tiene políticas públicas para la búsqueda e identificación de migrantes. La historia de Aurelio Cruz López, un joven desplazado de Chenhaló, Chiapas, demuestra que esas falencias tienen un impacto dramático en las familias.