Los lagos y lagunas que olvidamos

¿De qué manera los cerros, ríos, barrancos y lagos pueden constituir gran parte de nuestra memoria colectiva?
Lago Miraflores. Imágen modificada con Gemini.

Hoy pensamos en Kaminal Juyu’, ese lugar imponente que se desdibuja en medio de la gran ciudad y la historia ancestral que guarda alrededor del agua. Su historia, al igual que muchas, encuentra reflejo con otras latitudes latinoamericanas: la ciudad de México es un ejemplo de ello, construida sobre un valle con varios lagos, entre ellos el antiguolago de Texcoco, donde se ubicaba Tenochtitlán, un centro ancestral mexica que a la llegada de los españoles se convirtió en lo que hoy es la ciudad del país vecino. O el lago ancestral que habitaba junto a los muiscas en lo que hoy es Bogotá, la capital colombiana. Algo similar ocurrió con los traslados que siguieron a la invasión en Iximché: primero a Ciudad Vieja, después a Antigua Guatemala y, por último, al Valle de la Ermita.

Las ciudades contemporáneas no nacieron siendo un paisaje lleno de edificios, centros comerciales, buses y carros moviéndose sin cesar en un movimiento rítmico y caótico: nacieron, muchas veces, a partir de la construcción y organización histórica de poblaciones originarias de cada territorio. Los valles que hoy habitamos cuentan historias diversas de organización social, política, económica, cultural y ambiental.

Kaminal Juyu’ fue (y es) una ciudad ancestral para la población maya de aquellos tiempos y para el presente. Nacida en la cuenca de la antigua y desaparecida laguna de Miraflores, era relevante por su posición estratégica, pues se encontraba en un punto de conexión mesoamericano y que conectaría, siglos después, el occidente del país con el centro de la ciudad de Guatemala y con el sur de esta. Hoy el agua y Kaminal Juyu’ han dejado de cobrar relevancia y en su defecto, vemos reflejado ese punto de transición y comunicación de otras maneras: centros comerciales, vías principales de la Nueva Guatemala de la Asunción, colonias históricas, parques, bulevares, etc.

Los montículos de Kaminal Juyu’ son esos testigos que se niegan a olvidar su lugar, su historia y la relación que tenían con el agua. A pesar de que muchas personas hayan olvidado sus nombres y su importancia, encerrados dentro de rejas, soterrados bajo edificios y concreto, olvidados por el consumo del capital, su presencia continúa. 

Nombrar a Kaminal Juyu’ es reconocer que esta ciudad (la Nueva Guatemala de la Asunción) tal como la conocemos hoy, sus avenidas, bulevares, calzadas, edificios, barrancos, continúa siendo territorio Maya y Xinka, principalmente. El Valle de la Ermita tiene en sus cerros, barrancos, ríos y montículos la memoria de aquellas personas y seres que estuvieron antes. 

La ciudad de Guatemala es un territorio Kaqchikel, Poqomam, Xinka, K’iche’, Q’eqchi’, Rab’inaleb’, Tz’utujil…un territorio de todas aquellas personas que le han dado vida de formas distintas.

El reto que tenemos es ser capaces de honrar, escuchar y poner más atención, a lo que la Madre Tierra cuenta, para no olvidar lo que el agua, como antecesora de las ciudades, gotea en su sabiduría. 

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